(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "La inclusera : zarzuela en un acto y cinco cuadros, en prosa"

5 7 4 1 



LA IHCLU 




ZARZUELA 



en un acto y cinco cuadros, en prosa 



MÚSICA DE LOS MAESTROS 



CABALLERO y VALVERD 




+»#«+ 



*¿L¡ 



SOCIEPAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 92 

1903 




IvA INCLUSERA 



r 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla 
en España ni en los países con los cuales se hayan 
celebrado ó se celebren en adelante tratados interna- 
cionales de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores españoles son los encargados exclusivamen- 
te de conceder ó negar el permiso de representación 
y del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



LA INCLUSERA 

ZARZUELA 
en un acto y cinco cuadros, en prosa 



ORIGINAL DE 



IvüIS 13 E> IvARRA 



música de los maestros 



CABALLERO y VALVERDE (hijo) 



Estrenada en el TEATRO MODERNO de Madrid el 19 de 
Noviembre de 1903 



* 



MADRiD 

R. Velasco, impresor, Marqués de Santa Ana r "ll 
Teléfono número 551 

1903 



REPARTO 



PERSONAJES 



ACTORES 



MARÍA.. Srta. 

CARMEN... 

SEÑA FRANCISCA . . Doña 

BAILADORA Srta. 

CAMARERA _ 

ELEUTERIO ll\ , ¿^ j Don 

EUGENIO . . . . i A :l k/Wy^ 
FULGENCIO . . .Í0TS£XiM/V< 
SEÑOR RUFO. . . . r^TfcC£oW. 

TORIBIO-^. : 

VENDEDOR . . : 

AMIGO l.o 

ÍDEM 2.o 

GUARDIA l.o ,. 

ÍDEM 2.o 

Coro general 



Loreto Prado. 

Matilde Franco. 

Rafael Castellanos. 

Emilia Santi. 

Girón. 

Enrique Chicote. 

José Ponzano. 

Jaime Ripoll. 

José DeJ^adsP^) 

José Soler. 

Jaime Nart. 

J. Velázquez 

P. Oza. 

Julio Castro. 

J. Gustavo. 



Derecha é izquierda, las del espectador 



Para esta obra ha pintado cuatro decoraciones el reputado 
escenógrafo Sr. Martínez Garí. 



(1) Este personaje hablará de la acostumbrada manera de los ton- 
tos de teatro, resultando ana mezcla de memo y abrutado. 







ACTO ÚNICO 



CUADRO PRIMERO 

Interior de una casa de prestamos en piso bajo: al foro dos huecos; 
el de la derecha del espectador, puerta de cristales que abren ha- 
cia la escena y con timbre; en los cristales de la puerta, letreros 
hacia la calle que dicen: «Dinero por alhajas, ropas y efectos» en 
una hoja; y en la otra: «Dinero por papeletas del Monte de Pie- 
dad». El hueco de la izquierda será un escaparate con cristal gran- 
de á la calle; en él se verán mantones de Manila, alhajas, relojes, 
escopetas, etc. Toda la escena estará rodeada de anaquelería lle- 
na de ropas, mantas, colchones, capas, vestidos de señora, etc.; 
en las paredes muchos relojes, y colgados en varillas que cruzan 
la escenan, paraguas, bastones, botas, etc.; al foro telón de calle. 
Desde el centro de la escena, en el foro, hasta la altura de la 
seguuda caja, mostrador que sigue en ángulo recto hacia la dere- 
cha del espectador, hasta la lateral correspondiente. Este mostra- 
dor tendrá una trampilla en la parte vertical al público. 

Entre el mostrador y el proscenio, un brasero de tarima, ro- 
deado de sillas. Muebles varios. Es de día. Puertas laterales. 



ESCENA PRIMERA 

ELEU1ERIO, de bruces, en el mostrador escribiendo en un libro 

grande. La SEÑORA FRANCISCA, el SEÑOR RUFO y el SEÑOR 

TORIBIO, sentados alrededor del brasero 

Fran. Mire usté, señor Toribio, vamos á jugar á 

cartas vistas. 



— 6 — 

Tor. Eso quiero. 

Eleut. (sumando muy deprisa.) Y tres siete, y tres diez, 
y tres trece, y llevo una. 

Fran. Toda vez que esto se formaliza, yo, como 

madre de la chica, al parecer, debo hablar- 
le sin arrodeos. 

Tor. Ya saben mis intenciones; yo voy por el ca- 

mino recto. Con mis cuarenta años y mi 
droguería acreditada, yo creo que no me 
falte pa comer. 

Eleut. (Por lo menos flor de malva.) 

Tor. Y el que tiene que comer, puede ser un 

buen marido. Esto es tó lo que tenia que de- 
cir, y habiéndolo dicho, he dicho. 

Rufo Bien dicho. 

ELEUT. (¡Maldita Sea!) (Dando un puñetazo en el mos- 

trador.) 

Rufo ¿Qué te pasa? 

ELEUT. (Le daba así ) (Amenazando tirar el libro.) 

Rt fo ¿Qué haces? 

Eleut. ¡Sumar!... pero ahora voy á dividir... á divi- 
dir... (¡á ver si me entiende!) 

Fran. [Señor Toribiol Antes de concederle lo que 

nes pide, como padres, tengo que contarle 
á usté una historia. Acerqúese más. ¡María... 
no es hija de mi marido! (con misterio.) 

TOR. ¡Eh! (Asombrado.) 

Eleut. (j ^rrea!) Y llevo... y llevo... (sumando.) 

Rufo ¡No es mi hija, nol (con naturalidad.) 

Tor. ¿Y usté ha consentido? 

Rufo ¡Chis!... Acerqúese usté más... ¡María. . no es 

hija de mi mujer! (con misterio.) 
Tor. ¿Tampoco? 

Eleut. Y llevo dos... (¡Vaya un lío!) 
Tor. ¿Pi es de quién? 

Fran. Nosotros, á los cinco años de matrimonio, 

no habíamos tenido hijos y decidimos sacar 

una niña de... 
Tor. ¿De modo que María...? 

Fran. ¡Es inclusera! (con peda.) 

Tor. ¡Inclusera! 

Eleut. (¡Incluse... sí... se... lalarán!... ¡lalarán... lala- 

rán!) (Poniéndose á bailar exageramente.) 

Rufo Pero, ¿qué haces? 



fe 



Eleut. ¡Sumar! 

Rufo ¿Con los pies? 

Fran. La recogimos, la aporhij amos y tó lo consi- 

guiente; pero, ¡ay señor Toribio!... á los dos 
años de estar la niña en casa y cuando ya 
la queríamos como cosa propia... ¡cataplum! 
¡tuvimos un hijo! 

Eleut. (Y llevo dos.) 

Tor. ¿De ustedes? 

Eran. ¡Claro; mío y de mi marido! 

Tor. ¡Parece mentira! 

RUFO Oiga USté... (Amoscado.) 

Tor. ¿Pero la niña?... 

Eran . ¡Qué habíamos de hacer! seguirla queriendo; 

¡qué culpa tenía ella! ¡y en vez de un hijo 
tener dos! 

Rufo ¡División de plaza! ¡dos cuadrillas! 

Fran . Pero para evitar envidias, siempre les he- 

mos hecho creer que eran hermanos. 

Tor. ¿Y se quieren? 

Fran. Mientras fueron niños se adoraban, pero 

en cuanto ella se hizo mujer, el chico se hizo 
otro hombre; tristón, sombrío y envidioso, y 
cuando alguno miraba á su María, se lo que- 
ría comer con los ojos. 

Rufo ¡Como si le hubieran echao un toro al co- 

rral, lo mismo! 

Fran. Ni viajes, ni amigos... ¡y de repente, salió 

con el registro de que quería ser cura! Y ahí 
le tiene usté en Toledo dispuesto a cantar 
misa el día menos pensado. ¡Es un dolor! 

Tor. Verdaderamente. 

Eran. Ahora usté dirá. María es pobre, porque no 

le vamos á quitar al chico lo que de derecho 
le corresponde. María se llama sólo María 
de San Rafael Expósito. 

Eleut, (¡Qué bonito nombre!) 

Fran. Y si con estas circuntancias usté la quiere, 

y ella es gustosa, por nosotros... 

Tor. Diré á usté... diré á usté... (vacilando.) 

Eleut. (¡Ojalá se vuelva atrás!) 

Tor. ¡La verdad!... ¡No sé qué decir!... 

Eleut. (¡No la quiere! ¡No la quiere!) ¡Tratarán!... 

(Bailando muy contento ) ¡tralarái.?! 



— 8 — 



Rufo 
Tor. 

Eleut. 
Tor. 



Fran. 

Rufo 

Eleut. 
JBran. 
Eleut. 
Rufo 



¡Qué manera más rara de sumarl 

Lo pensaré y mañana traeré la respuesta. 

(Levantándose.) 

(¿A que no la trae? Ojalá no la traiga.) 
Adiós, seña Francisca. Señor Rufo, hasta 

mañana. (Abre la trampilla del mostrador, atraviesa 
la tienda y se va.) 

Adiós. ¡Hum!... No le ha hecho gracia la 

noticia. 

¡Sí, que á la chica le faltarán contratas!... 

Digo, proporciones... 

Ya está aquí, ya está aquí. (Muy contento.) 

¿Quién? 

¡La señorita! 

(Haciéndole burla.) ¡La señorita! ¡Este chico es 

tonto! 



ESCENA II 

DICHOS y MARÍA por el foro con mantón y pañuelo de seda, pero 

muy bien vestida y con alhajas; traerá paraguas abierto que cerrará 

al entrar. Eleuterio levanta la trampilla del mostrador para que ella 

pase á escena 

Música 



María ¡Jesús, y qué frío! — qué lluvia y qué viento, 
por poco reviento, — menudo plantón; 
malhaya los trenes, — malhaya la empresa, 
se queda una tiesa — en esa estación. 

(Sentándose al brasero.) 

Bendito brasero, — al fin te pesqué, 

las manos primero — y luego los pies; 

esto es otra cosa, — abajo el mantóu, 

ahora voy á darme — el gran calentón. 
Fran. ¡Siempre vuelves de la calle 

maldiciendo y sofoca. 
Rufo Déjala. 

María Es que es una lata — que chicos y viejos 

me sigan los pasos— de aquí para allí. 

¡Ay, qué lata, qué lata, qué lata! 



— 9 - 

(Levantándose.) 

no puede una ni andar por Madrid. 
En seguida que empieza á llover, 
los sujetos sin nada que hacer, 
á la calle se van á mirar 

y á observar 
de qué modo me sé recoger. 
Si levanto las faldas así, 

(Levantándolas exageradamente.) 

dicen todos que soy inmoral, 

y si en cambio me tapo hasta aquí, 

(Bajáft'dolas.) 

tras de mí 
van diciendo que no tengo sal. 

(imitando las diferentes maneras que tienen las muje- 
res de recogerse el vestido. A la gracia y á la coquetería 
de la actriz queda encomendado este número.) 

Así van recogidas — las damas distinguidas, 
así las de esa clase — que llaman demi-mond, 
así las costureras,— así las extranjeras, 
así las pavisosas — y así voy yo. 

ran. v Cuando está lloviendo — eso es de rigor. 

Eleut. ¡Quién viera á esta muchacha 

en una inundación! 
María A una vieja la escucho gruñir: 

sinvergüenza mayor no se ve; 

y un vejete me llega á decir: 
tape usté 

que esta noche no voy á dormir". 

¡Buenos bajos! exclama un gachó, 

y un pollito se agacha la mar, 

y con tanto mirar y mirar, 
digo yo 

que la muestra no se han de llevar. 

A mí me asusta el barro, 

y á trueque de un catarro, 

prefiero cuando llueve 

completa exhibición; 

pero también confieso 

que no me asusta eso, 

(^Enseñando el principio de la pierna.) 

porque están derechitas 
fin trampa ni cartón. 



t 



— 10 - 

Fran. y / Y puedes afirmarlo 
Rufo [ porque eso es la verdad. 
Eleut. ¡Por qué no vendrá otro 
diluvio universal! 



Hablado 

Eleut. jQue llueva!... ¡que llueva!... ¡la Virgen!... 

(Agachándose para verle las piernas.) 

Rufo ¡Chico! 

Fran. ¿Qué dices*? 

Eleut. ¡Que lleva!... ¡que lleva... dos!... Estoy su- 
dando... ¡digo, sumando!. . 

María ¡Já, já, já! 

Fran. Lo que estás es disparatando. 

Eleut. Es que aquí hay un nueve que parece un 
seis. 

Rufo Porque estarías mirando de arriba á abajo. 

Eleut. ¡Cái... ¡Estaba mirando de abajo á arriba! 

(Con intención.) 

Fran. ¡Bueno! Suma y calla. 

Rufo ¿Y no ha venido tu hermano? 

María ¡Sí, venir!... ¡Tres horas trae él tren de retra- 

so!... ¡Y yo me he cansao de esperar y de 
aguantar moscones! 

Fran. ¿Moscones en Diciembre? 

María ¡Y poco pelmas! ¡Parece que tengo miel! ¡el 

que se arrima no se desaparta! 

Eleut. (¡Miel y arrope tienes, y jalea y carne de 
membrillo!... ¡me la comía aunque me diera 
un asiento!) 

María A uno he tenido que darle así... en las na- 

rices; á otro le he dao un puñetazo... en sal- 
va sea la parte. 

Rufo Pobre parte... ¡qué culpa tendría! 

María A uno le he dicho: «¡Me produce usté 

anáuseasl..* 

Iíufo Pues no te habrá entendido de seguro. 

Ma.ría A un estudiante... le he repasao la asignatu- 

ra; á ese no se le olvida... lo menos saca so- 
bresaliente... Y á un torero .. 

Rufo ¡Eh! ¡No me toques á la marinal 

María Va y me dice... «Si fuera usté un Miura y 

tuviera yo que entendérmelas con usté, nie 



— 11 — 

dejaba coger...» ¡Anda y que te coja tu 
abuela, le he contestao! 

ElEUT. ¡Muy bien! ¡Muy bien! (Aplaudiendo ridicula- 

mente.) 

Rufo Pero este chico es tonto... baila... digo, suma 

y calla. 

María ¡Le digo á usté que son más estúpidos los 

hombres! ¿Me meto yo con nadie? ¿Usté cree 
que no pasan á mi lao hombres que me 
gustan... y les digo ná? 

Rufo ¡Hombre, hombre, eso sería...! 

Mama ¿Qué'? ¿Y pa qué lo dicen ellos?... yo podía 

decirles... qué ojos más bonitos... ó qué bi- 
gote más mono tiene usté... pero lo pienso 
y me lo callo. 

Rufo ¡Sí, sí, cállatelo! 

Elel-t. (Desde mañana me dejo el bigote, si quiere 
salir... que lo dudo.) 

Fran. Vaya, mientras viene Eugenio ó no... ¡va- 

mos á almorzar nosotros! 

María ¿Sin esperarle? Con lo caviloso que es, em- 

pezará á decir que aquí nadie le quiere, que 
tos le desprecian, que después de tres meses 
de no verle... ¡yo no almuerzo hasta que 
venga! 

Rufo ¡Tiene razón ésta! 

Fran . ¡Pues no la tiene! ¡A almorzar he dicho! (con 

malos modos.) 

Rufo (¡Que va á saltar la barrera!) (separándose.) 

Makía ¡Pero qué mal genio tiene usté, madre!... no 

me parezco á usté, no. 
Ellut. (¡Pa chasco!) 

María Más me parezco á usté... ¿verdá, padre? 

Eleut. (Sí. ¡Como yo á la Fornarina! Lo mismo) 
Fran. ¡Tú .. estúpido! 

Eleut. ¡Servidorl... 
Fran. ¡A ver lo que haces!... mira bien la moneda 

y á ver si te dan otro timo como el de los 

mantones. 
Eleut. Eso le pasa á cualquiera; un desconocido 

que entra á empeñar y mientras extiendo 

la papeleta agarra tres mantones y escapa á 

correr. 
Fran . ¡Y no le cogiste!... 



- 12 — 

Eleut. Pero no se me despinta, y donde le vea... 
María ¡Me quedaré yo con él! 

ELEUT. ¡Kso, eso! (Aplaudiendo y bailando.) 

Fran. ¡No señor! A almorzar he dicho. 

Rufo Ná, que la ha entrao el hambre; nos de- 

vora. 

FRAN. ¡Vamos! (Con malos modos y chillando.) 

María ¿Qué tiene hoy madre? 
Rufo , ¡Gana de que yo la dé dos golpes y repique 
con la puntilla! 

MARÍA ¡ Déjela USté! (Se van todos menos Eleuterio por la- 

teral izquierda.) 



ESCENA III 

ELEUTERIO, bajando al proscenio 

Conque tonto y bruto... y... ¡Qué cosas pa- 
san! .. ¡María que no es hija ni de su padre 
ni de su madre! María que no tiene apellido, 
ni dinero, ni... traillarán. .. tranlarán... (can- 
tando y bailando.) ¡Esta es la mía! Yo la quie- 
ro... la quiero como un burro, eso no se pué 
remediar; esta en la maea; y claro, no me 
atrevía, porque siendo bija de mi principal, 
y siendo tan bestia mi principala... pero 
ahora cojo y digo: «María,, ¿qué te falta?... 
¿un nombre?... toma el mío; ya eres Bodo- 
que, la señora de Bodoque, y si la gente te 
desprecia porque eres inclusera... yo por eso 
te aprecio... y toma mi corazón... y toma mi 
mano... y toma... lo que quieras... y con lo 
que yo gane tendremos para los dos ó para 
los tres ó para...» para, para Eleuterio, que 
vas muy lejos... ¡jé! ¡jé! ¡me relamo de gus- 
to!... Sí, señor; me decido. jAyl pero cómo 
la digo... Tú. no eres tú... ni tienes... ni pue- 
des, ni... ¡Uy! ¡uy! ¡eso es muy difícil! ¡Ah! 
la escribo. ¡Eso es! ¿En verso ó en prosa? 
¡Mejor será en prosa pa que lo entienda! 
La cuestión es darla la noticia de su naci- 
im •> con cierta suavidad para que no su- 
fra iho. ¡No viene nadie!... ¡Ahora mis- 



— 13 - 

mol (Escribiendo apoyado en el mostrador.! «María: 

no quiero que~sepas por mí que eres inclu- 
sera; pero cuando lo sepas por el señor To- 
ribio, sabrás que yo lo sabía y que te ofrez- 
co mi nombre con todas sus consecuencias. 
Uno que vive contigo y que no es tu pa- 
dre.» ¿Adivinará que soy yo? Se lo pondré 
más claro. «Confronta esta letra con los li- 
bros de caja.» Ahora sí que está bien; se lo 
digo todo v no la digo nada. Cuando la lea 
dirá: «¡Cielos! ¡yo inclusera!... ¿será verdad? 
¿Y quién me eecribe que tanto me quiere?» 
Y yo salgo y digo, yo; ¿tú? ¡yol ¡cielos, él... 
era él!... ¡sí, era yo!... ¡tú!... ¡yo!., ¡él!... ¡des- 
mayo! agua y vinagre... ¡y á la Vicaría'... ¡jé, 
jé! ¡anda! ¡y que diga mi principal ahora 
que soy bruto!... ¡tralarán!. . (Bailando ) 



ESCENA IV 

ELEUTERIO y MARÍA, saliendo 



María 
Eleut. 

María 

Eleut. 



María 

Eleut. 

María 

P^leut. 

María 

Eleut. 

María 

Eleut. 



Eleuterio, ¿qué haces? i 
(¡Ella!) Gimnasia... por el desarrollo cor- 
poral. 

¿Quieres más desarrollo? 
Nunca viene mal estar robusto... porque si 
luego le hace á uno falta pa. . cualquier 
cosa... Pues había acabao esta factura (Ense- 
ñándola la carta.) de renovación de una alhaja, 
¡y qué alhaja!... ¡la mejor de la casa! 
Pues anda vete á almorzar que yo despa- 
charé. 

¿A almorzar? No tengo gana. 
¿Cómo es eso? 

Yo me alimento de otras cosas. 
Sí, de tontería. 
¿Tonto yo? 

Te llama mi madre, anda. 
¡Voyl ¡Ahí queda la papeleta! (con intención, 

dejando la carta sobre el mostrador.) Repásela Us- 
ted, á ver si está bien. 



— 14 — 

María ¿Quieras irte? 

Eleut. ¡No quiero... pero me iré! Que repase usté la 
papeleta... (¡en cuanto la lea se desmaya!) 
iQué gusto! ¿Tonto, eh? ¡Ahora verán el ton- 
to! ¡Jé, jé! ¡Tralarán, larán! (Se va primera iz- 
quierda sin dejar de mirarla.) 



ESCENA V 

MARÍA, á poco FULGENCIO 



María 



FULG. 



María 
Fülg. 

María 
Fülg. 
María 
Fülg. 

María 
Fülg. 



¡Qué infeliz es este muchacho! Y algunas 
veces parece que me mira como si me qui- 
siera hacer el amor. ¡A mí! ¡Bah! ¡Está visto 
que yo no puedo querer á ninguno! No sé 
qué cosas he soñao que no quiero pensar en 

ellas... Por olvidarlas... (En la calle, y por detrás 
del escaparate, se ve á Fulgencio y Carmen mirando 
con recelo al interior de la tienda.) por ver SÍ podía 

interesarme alguien... me fijé en un hom- 
bre, y no puedo... imposible, su presencia 
me mortifica y me repugna... ¡Y se empeña 
en que he de quererle por fuerza! ¡Como si 
eso fuera posible! ¿Por qué no podré yo que- 
rer á ninguno? ¿Qué es lo que me pasa? 

BueQOS días. (Entra por el foro con aire provocati- 
vo, pero receloso. Vestirá achulado, pero con sombrero 
hongo y americana y pañuelo de seda al cuello.) 
(¡Fulgencio!) (Contrariada.) 

¿Qué dan por esto? (Acercándose al mostrador con 
malos modos y enseñando un puñal que no suelta ) 

Un puñal. 

¡Con empuñadura de plata! 

¿Cuánto quiere usted? 

¡Mírelo usté bieni La hoja es de Toledo... Y 

está recién vaciao... (con intención.) 

¡Bueno! ¿Cuánto? (inquieta) 

¿Cuánto? Pues... (Miraá todas partes: sujeta á María 
por la muñeca izquierda y quiere clavarla el puñal en 
el pecho: ella esquiva el golpe sujetando con la mano 
derecha el brazo de Fulgencio: logra desasirse de él 



— 15 - 



María 

FüLG. 

María 
Fulg. 



María 

FüLG. 

María 



Fulg. 

María 
Fulg. 
Marí/v 
Fulg. 

María 
Fulg. 



María 

Fulg. 

María 

Fulg. 

María 

Fulg. 



y forcejeando le quita el puñal que tira al suelo. Todo 
esto estando separados ambos por el mostrador.) 

¡Ay, cobarde! 

¡Maldita seal 

¡Canallal 

No grites. ¡He jurao matarte y te mato! Si 

no es hoy será mañana; te he visto sola y 

he entrao; he errao el golpe, pero el segundo 

no se me irá... ¡por éstas! 

(Tranquila ya.) ¿Y es así como se consigue el 

cariño de una mujer? 

¡Así... y de tos modos! Ya lo oyes, mía ó de 

nadie; ¡de nadie! ¿Lo has oído? 

Lo he oído y me da risa... pero miedo no... 

El hombre que es hombre, cuando quiere 

matar no yerra el golpe; cuando quiere á 

una mujer la consigue si tiene corazón y 

valor, á menos que sea sólo un granuja ó un 

loCO. (Despreciativamente.) 

¡Loco, sí; eso es; yo estoy loco por tí! ¡Tiés 

cjue ser mía! 

¡Te va á hacer daño! 

¡Mira que no respondo de mí! 

¡Yo sí! ¡No te pierdes, no tengas cuidao! 

Se acabó. (Queriendo abrir la trampilla del mostra- 
dor para entrar.) 

No entres. 

¡Entro y te mato! (Forcejeando con la trampilla 
logra Fulgencio abrirla y entra; María intenta huir y 
Fulgencio la sujeta por el cuello.) 

¡Ah! 

¡Dime que me quieres! 

¡Suelta! 

¡Dime que me quieres! 

Te desprecio. 

¿Sí?... Pues... (Se dispone á extrangularla. Entra 
Eugenio por el foro con una maleta en la mano. Al 
verlos corre hacia ellos y al verle Fulgencio salta por 
encima del mostrador y sale huyendo á la calle. Eu- 
genio por la trampilla sale también corriendo.) 



16 — 



ESCENA VI 



DICHOS, EUGENIO; en seguida RUFO, FRANCISCA y ELEU1ERIO, 
con servilleta al cuello y uu tenedor y un cuchillo en la mano 

Eüg. ¡Eh! ¿qué es eso? ¡María! 

FüLG. ¡Ah! (Sale corriendo.) 

Eug. ¡A ese! ¡al ladrón! ¡á ese! (sale tras el.) 

María ¡Eugenio! ¡Déjale, Eugenio! 

Rufo ¿Qué pasa? 

Eran. ¿Qué sucede? (saliendo.) 

María ¡Nada! ¡No pasa nada, no asustarse!... (Fingien- 
do.) Un ratero que quería robar el escapara- 
te... ¡á tiempo que entró mi hermano!... 

ELEUT. ¿Otro? ¡A ese, á ese! (Vaseforo corriendo.) 

Hüfo ¿Un ladrón?... ¡A ese! (ídem.) 

Eran . ¡Guardias, guardias! (ídem.) 

María No os canséis. ¡Los cobardes corren mucho! 



ESCENA VII 

MARI A 

¡Ni fuerza tiene!... ¡Tuvo tiempo pa aho- 
garme!,.. Lo que siento es si le cogen y se 
enteran... ¡Pues yo no lo digo! Seguiré di- 
ciendo que era un ratero, con eso le llevarán 
una quincena al fresco y pué que se le pase 
la hidrofobia, (pausa.) Este Eleuterio, cada 
día más zoquete; cómo lo tiene todo de re- 
vuelto... los libros... y una papeleta suelta... 

luego SÍ Se extravía y... (Leyendo la carta de Eleu- 
terio.) «María.» ¿Eh? ¡y es su letra! ¿será una 
declaración? ¡Tendría gracia!... ¡pobre chico! 

(A medida que va leyendo se pone seria.) ¿Eh?... 

¿cómo?... ¿qué es esto? ¡No puede ser! Y si 
no es, ¿por qué lo dice? y si lo es, ¿por qué 
lo sabe? ¿Y qué tiene que ver el señor To- 
ribio?... Sí; ahora mismo voy, le pregunto, 
y si es verdad... si es verdad, he estado ro- 
bando á Eugenio el cariño de sus padres, 



— 17 — 

su dinero, su felicidad, porque él me envi- 
dia, me odia, y por envidia y odió, por no 
verme, por no sufrir eí cariño que sus pa- 
dres me tienen, va á hacerse cura, á ser des- 
graciado por mí, por un cariño prestado ó 
robado. No puedo consentirlo; ahora mismo, 
sí... antes que vuelvan... sola...* como vine., 
peor que vin», porque me dejo aquí las ilu- 
siones y la felicidad. Eugenio será feliz. Le 
devuelvo todo lo suyo; y tú, ¡inclusera! ¡al 

arroyo! (Empieza la orquesta pianísimo.) ¡E^e es 

tu sitiol allí, entre el vicio y el hambre tie- 
nes tu puesto; donde oigas decir á todas ho- 
ras... ¡esa es inclusera!... no tiene padres... 
¿y á esto llaman padres?... ¡mentira! ¡son 
fieras! ¡Fuera estas alhajas!... ¡no son tuyas! 
(Quitándoselas.) ¡Fuera de esta casa que es de 
otro!... ¡Suyo todo! ¡hasta mi cariño! ¡Aquí 
se lo dejo! El me odia, y yo le adoro más 
que cuando le creía mi hermano. Ahora ya 
sé por qué no podía querer á nadie. ¡Adiós 
ilusiones! ¡adiós felicidad! ¡Sola en el mun- 
do, sin parientes, ni amigos!... jAh, sí! (Repa- 
rando en el puñal que está en el suelo y cogiéndolo.) 

¡Ya tengo un amigo! ¡este puñal! ¡El sabrá 
defenderme de la infamia! ¡Dios mío, que 
sean felices! ¡Inclusera, al arroyo... al arroyo 

que es tu puesto! (Sale como loca corriendo; antes 
de desaparecer cae el telón. Desde que dice la primera 
vez «Inclusera al arroyo» hasta el final, la orquesta pia- 
nísimo toca una melodía dulce; al terminar la escena, 
iuertísimo en la orquesta.) 



MUTACIÓN 



- 18 



CUADRO SEGUNDO 

Calle corta; la fachada de una casa de préstamos con el escaparate y 
la puerta que antes estaban al foro; sobre la puerta gran letrero 
que dice: «Dinero», en los balcones impermeables y capas de hom- 
bre. Un farol anunciador apagado. Es de día. 



ESCENA VIII 

Al bajar el telón se oyen gritos y silbidos de chicos; salen éstos se- 
guidos de hombres y mujeres; ELEUTERIO, amarrado y entre los 
GUARDIAS 1.° y 2.° que le conducen á empujones 



Chicos 



GüAR. 1 ° 

Eleut. 

GüAR. 2° 

Eleut. 



Guar. 1.° 
Eleut. 

Guar. 1.° 
Eleut. 



Música 

¡Que baile el espadistal 
¡que baile el descuidero! 
¡que baile ese granuja! 
¡que baile ese ratero! 

¡Roba relojes! 

¡roba carteras! 

¡roba alfileres! 

¡buena te espera! 
¡Pillo, tunante, ratero, ladrón! 
Echa á andar pa alante, (saliendo.) 
No me empuje usté. 
Anda ó te reviento. 
Qué bárbaro es. 
Esto es un atropello, 
una equivocación. 
Eso se pone en claro 
en la delegación. 
Esto es una injusticia, 
una barbaridad. 
Eso es un desacato 
á nuestra autoridad. 

Pues es verdad, 

pues es verdad, 

y ahora del caso 

voy á hablar. 



— 19 — 



Guars. 1 ° y k 2.o Pues no señor, 
pues no señor, 
que no habla nadie 
más que yo. 
Eleut. ¡Que sil 

Guar. 1.° iQue no! 

Eleut. ¡Que si! 

Guar. 1.° ¡Que no! 

Eleut. Porque fumaba en el tranvía 

fui detenido el otro día. 
Guar. l.o Cosas que pasan, (con guasa.) 
Guar. 2.o ¡Vaya por Dios! 

Eleut. Estuve preso la otra noche 

por escupir dentro de un coche. 
Guar. l.o Cuestión de higiene. 
Eleut. Cuestión de tos. 

Porque la siesta eché en el Prado 
me echó la mano el delegado, 
y porque á un mitin me colé 
en el Gobierno me acosté. 
Y aunque ahora me lleven 
á la prevención, 
no soy un granuja 
ni soy un ladrón, 
pues de todo el mundo 
bien sabido es, 
que en la Corte no ey^ste hombre honrado 
que allí no haya estado 
dos veces ó tres. 

CHICOS (Rodeándole y con mucha guasa.) 

Bien amarradito, ¿eh?... 

bien encerradito, ¿eh?... 

y muy calenlito 

para declarar; 

en una celdita, ¿eh?... 

muy bien guardadito, ¿eh?. . 

buena quincenita 

te vas á pasar. 
Eleut. A la preven no vuelvo yo más, 

que allí estuve dos veces ó tres 
y aunque tengo las manos atas 
me quedan los pies y empiezo á patas. 

(Dando puntapiés: los chicos le torean, él los persigue 
y los Guardias le sujetan.) 



— 20 — 

Chicos ¡Roba relojes! 

¡roba carteras! 
¡roba alfileres! 
¡buena te espera! 

(Enseñándole pañuelos, petacas, portamonedas, etc.) 

Lo verás, lo verás, 

pero no lo catarás. 
Eleut. Ahora si que doy patas. 

Chicos A la prevención, 

pillo, granuja, 

tunante, ladrón. 

Hablado 

Eleut. Por estas que en cuanto me suelten le doy á 

uno una coz. 
Guar. 1 .o Poca conversación. Ya te conozco de otras 

veces. 
Eleut. ¡Qué buen fisonomista! Le voy á regalar 

unas gafas. 
Guar. 1° ¿Qué bien corrías, eh? 
Eleut. Pa coger al rata. 
Guar. 1.° ¿Si, eh? Pues ya le hemos cogió. 
Guar. 2.o Y pa despistarnos ibas gritando: ¡A ese, 

á ese! 
Guar. 1.° El timo es antiguo; pero el que á mí me la 

dé... 
Eleut. Adiós, Salomón. 
Guar. l.o ¿Qué? 

Eleut. Salmón y tú salmonete. 
Guar. 1.° ¡Poquitas bromas, anda! 
Eleut. De aquí no me menea usté, (sentándose en el 

suelo.) 

Guar. l.o ¡No te tires! ¡Levántalel (los dos tirando con 

fuerza no consiguen levantarle.) 

Eleut. Sí, tira, tira. Como no traigas una grúa. 
Guar. l.o ¿Quieres ir caliente? ¡Toma, toma! (pegán- 
dole.) 

ELtíUT. ¡Ay, ay, ay! (Tirándose al suelo y pataleando para 

defenderse.) 

Guar. 2.° ¡Anda! 

Eleut. ¡Ay, ayl ¡Socorro!... ¡Vecinos, transeúntes; 

que me maltratan, auxilio! 
Guar. l.o ¿Quieres callar? 



— 21 - 



ESCENA IX 

DICHOS, RUFO y FRANCISCA corriendo 

Fran . ¿Qué pasa? 

Rufo ¿Quién grita? 

Eleut. Yo, soy yo. 

Rufo ¡Eleuterio... y atado! 

Fran . ¿Qué es esto? 

Eleut. Que estos caribes se empeñan en que yo soy 

el rata que ha entrado en casa. 
Fran. Si es nuestro dependiente. 

Eleut. ¿Lo ve usté... lo ve usté pedazo de autoridad? 
Ouar. l.o Como corría... 
Eleu i . Porque no corría usté... Alguien había de 

correr... y lo peor es que por cogerme á mí 

han dejao escapar al otro... 
Rufo Amigo, buen marronazo... 

Guar. l.o El marranazo lo será usté. 
Todos ¡Já, já! 

Chicos ¡Fuera! ¡Qué bailen! (Ve van ios guardias seguidos 

del coro y los chicos silbándoles.) 

Eleut. Si no vienen ustedes pronto me como 

á uno. 
Fran. Vaya, vamos adentro que estará la María 

sola. 
Eleut. Menudo susto la habrá dao el rata. Si estoy 

yo... si estoy yo. . me muero de miedo. (En 

tran los tres en la tienda.) 



ESCENA X 



CARMEN y FULGENCIO 



Car. ¡No le han cogió! ¿Qué habrá pasao dentro? 

¿Por qué gritarían «al ladrón»? 
FüLG. Carmen. (Recatándose y con misterio toda la escena.) 

Car. ¿Qué ha pasado? 

Fuig. No hay que perder un momento; he podido 

darles esquinazo; ya te explicaré; su her- 
mano está en Madrid; ahí le tienes, no le 



— 22 — 

dejes escapar otra vez... ya te lo he dicho; 
treinta mil duros cada hermano, que tienen 
que ser nuestros, sea como sea. 

Car. Estás decidido... ¿y yo? 

Fulg. Ya te lo he dicho... te casas con el herma- 

no... y luego ricos los dos... el mundo es 
nuestro... Todo antes que dejar escapar este 
negocio. No te muevas de aquí sin hablarle. 

Car. Te obedezco como siempre. 

Fulg. No te pesará. 

Car. ¡Dios lo quiera! 

Fulg. Ahí le tienes. (Será mía y seré rico... cueste 

lo que cueste.) 



ESCENA XI 

EUGENIO, que sale por la izquierda y se dirige á la casa. CARMEN 
le detiene 

Eug. ¡Cá! Ese hombre no era un ratero; ¡lo jura- 

ría! y no he podido verle la cara. ¿Quién 
podría ser? ¡Si María me dijese la Verdad! 

Car. (Llamándole.) ¡Eugenio! 

Eug. (contrariado.) ¡Carmen! 

Car. Esperándote estaba. 

Eug. ¿Qué me quieres? 

Car. Una sola pregunta. ¿Estás decidido á ser 

cura? 

Eug. Decidido. He borrado todos los recuerdos 

mundanos. Déjame. 

Car. ¿Todos? 

Eug. Todos. 

Car. ¡Hasta tus juramentos! 

Eug. Mira, Carmen, yo no sé lo que siento, ni lo 

que quiero, que me impide quererte. La fe- 
licidad ajena me hace daño; la propia es 
imposible; soy un pobre loco, un cerebro 
desequilibrado... no puedo... no puedo... dé- 
jame. 

Car. Tú no puedes ser cura. Aun estás á tiempo; 

yo te perdono lo que me has hecho sufrir; 
tus padres serían felices; tu hermana que 
te adora... 



— 23 - 

Eug. ¡Calla, no la nombres! 

Car. ¿Por qué? 

Eug. ¡La odio... la envidio! ¡No lo sé... déjame, que 

me vuelvo loco! He querido cegarme, atur- 
dirme en el bullicio de una vida desenfre 
nada. ¡Pensé que una mujer como tú sabría 
arrancar de r mi cerebro una idea que me 
martiriza y me "persigue como un fantas- 
ma... como una sombra... que más se aleja 
cuanto más me acerco... te vi, te escogí... 
fuiste mi víctima... perdóname... no te pue- 
do querer... no eras mi sueño... no eras ella! 

Car. ¿Quieres á otra, ó es que te avergüenzas de 

querer á una cantaora de café? Pues ya lo 
era cuando me conociste. 

Eug. Quiero... á un ser que no existe. 

Car. Si existiera... si fuera otra mujer... ¡pobre 

de ella y pobre de tí! 

Eug. Es un sueño. 

Car. Si al despertar de él la miro entre tus bra- 

zos... yo la arrancaré, sea mujer, sombra ó 
fantasma. 

Eug. Si yo llegara á verla entre mis brazos... ni 

tú, ni el mundo entero* podrían arrancarla 
de mi lado. ¡Es mi vidal 

Car. ¡Esa te juegas! 

Eug. ¿Mi vida? ¡Es suya! 

Car. O mía... lo Veremos. (Mutis primera izquerda.) 

Eug. ¡No la encuentra!... ¡ni yo!... ¡no existe!. . ¡es 

una sombra... un sueñe!... ¡es mi martirio!... 



ESCENA XII 

EUGENIO, FRANCISCA, ELEUTERIO y RUFO saliendo de la tien- 
da asustadísimos; á poco TORIBIO por la izquierda 



Fran. 


¡Eugenio! ¿La has visto? 


Eug. 


¿A quién? 


Fran. 


¡A María! No está en casa y ha dejao sola 




la tienda 


Eug. 


¡No puede serl 


Eleut. 


¡No está! ¡no está! la he buscao hasta en la 




cabornera. 



— 24 — 

Eug. ¡Se pondría mala del susto!... Buscad... va- 

mos... 
Rufo (saliendo.) ¡Sus alhajas! ¡Sus alhajasl 

Fran. ¡María!. 

El.EUT. ¡Maríal (A grandes voces.) 

Eug. Quizá la hayan visto los vecinos, (sale el señor 

Toribio.) 

Fran. ¿Señor Toribio, ha visto usté á mi hija? 

Tor. ¡Sí, señora. Hace un momento la vi salir co- 

rriendo, y por cierto que me chocó, que ibp 
á cuerpo con el frío que hace, y me pareció 
que llevaba un puñal en la mano. 

Todos ¿Un puñal? 

Tor. O un cuchillo. 

Eug. No hay que perder tiempo, á buscarla; usté 

á la Casa de Socorro; usté á la Delegación y 
yo al Gobierno. 

Eleut. ¿Y yo? 

Fran. ¡A casa! 

Eleut. ¿Yo no la busco? 

Eug. ¡Vamos! 

TOR. Voy COn USted. (Se van corriendo.) 

Eleut. ¿Yo no la busco? ¿no la protejo.., 
Cierro la'tienda... cojo la tranca, 
¡ayl... del que la rmga tocao al pelo de la 

ropa... ¡Ni el Cid Campeador! (Echándoselas de 
matón. Al entrar en la tienda, fuerte en la orquesta.) 



¿qué no?.. 
y... ¡ay! 



MUTACIÓN 



— 25 — 



CUADRO TERCERO 

La calle de la Primavera de Madrid por la parte que forma la escua- 
dra; al foro la puerta del Teatro de Barbieri, alumbrada y abier- 
ta; es de noche. Está nevando copiosamente; en la calle un farol 
encendido sobre la puerta cerrada de una casa. María, pobremen- 
te vestida, como las vendedoras de periódicos, y á cuerpo, dormi- 
ta sentada en el hueco del portal más visible de la escena. Se oye 
dentro música del baile. 



ESCENA XIII 

EL CAFETERO y MARÍA 



CAF. ¡Café!... ¡caliente! (Pregonando.) 

María (Levantándose.) ¡Chis! ¡Haga usté el favor! 

Caf. ¿De usté y por favor? ¡Qué finolis está el 

tiempo! ¿Chico ó grande? 

María ¡De cinco céntimos! 

Caf. ¿Qué despilfarraora eres, chica! ¡Será pa aho- 

rrar pa un mantón, que buena falta te hace! 
¡miá que á cuerpo! ¿o lo haces pa lucir el 

talle?... Y SÍ que es bonito,; Queriendo abrazarla.) 

María ¡Eh, quieto! 

Caf. Si es pa que entres en calor. ¿Oye!... ¿por 

qué no te vienes á cenar conmigo? 

MARÍA ¡Yo!... (Asustada é indignada.) 

Caf. Tú, sí... qué, ¿te vas á poner moños? 

María ¡Usté me confunde con otra! 

Caf. ¡Tié esto gracia!... Santa Silvestra vendien- 

do el Heraldo. 

María ¡Déjeme usté! (Llorando.) 

Caf. f ero, ¿estás llorando? ¿Te he dicho yo algo 

que te pueda ofender? ¡Pues con más deli- 
cadeza, me parece!... 

María ¿Se quié usté largar? 

Caf. Adiós, doña Remilgos... ¡que barbaridad!... 

¡seré poco paella! 

María ¡Pa mí, tóos son pocos! 



— 26 — 

Caf. ¿Es usté, por un casual, la señora del Empe- 

rador de Rusia... ó la del verdugo? 

María Pa marido es bueno el verdugo, pa otra cosa 
ni el emperador. 

Caf. ¡Já, já! Deja que me sonría... adiós tú... ¡ma- 

rido!... ¡Tié esto gracia!... No me ha pasao 
otra... ¡Café!... ¡caliente!... ¡já, já!... ¡marido!... 

|já, já! (Vase.) 

María (Llorando.) ¡Maldita sea!... ¡tóos lo mismo!... 
¡pobres mujeres!... el Diario... el Heraldo.. 

pondenda... (Pregonando se vuelve á sentar en el 
quicio con los codos en las rodillas y la cabeza apoya- 
da en las manos.) 



ESCENA XIV 

MARÍA, dormida. ELEUTERIO saliendo á cuerpo, pero con una 

gran bufanda dando vueltas al cuello y con largas caídas; mitones 

de color y un bastón gordísimo; sale despacio, como quien busca a 

alguien. Se encara con el público 

Eleut. ¡Seis días!... Seis días y seis noches sin dor- 
mir... sin comer... sin sumar... sin ná... y 
además loco, lo cual demuestra que no soy 
tonto, porque los tontos no se vuelven locos. 
El gobernador no sabe nada; está escribien- 
do letreros. «Cuidado con los rateros y qui- 
tarse los sombreros», lo demás lo delega en 
los delégaos; los delégaos se lo eucargan á 
los inspectores; los inspectores, á los vigilan- 
tes, los vigilantes, á la ronda, la ronda, á los 
guardias, y los guardias... en la taberna... y 
María, sin parecer... y yo... calándome. En 
las casas de socorro, no ha ingresao. En el 
Juzgao de guardia, tampoco; me he estao 
un día entero debajo del viaduto, mirando 
hacia arriba á ver si la veía de caer... y nada, 
no ha caído. Otro día en el estanque grande 
mirando á los peces de colores... y no me 
han hecho gracia; no sé por qué dicen «me 
río yo de los peces de colores»; tampoco es- 
taba allí. El canalillo lo he recorrido siete 
veces por cada orilla: tiene dos orillas; dos 



— 27 — 

por siete catorce y llevo una. Por encontrar- 
la daría mi sueldo de un mes, mi comida 
de una semana, mi tapabocas, mis mitones 
nuevos, todo. ¡Éa, sigue buscando, Eleute- 
rio! ¡Búscala, búscala! .. Parezco un perro de 
caza. jAy, María, en cuanto yo me conven- 
za de que no te encuentro... pim, pum... al 
Este; el padre... al Este; la madre... al Este, 
y el hermano... al otro; y me río de la catás- 
trofe del Metropolitano. ¡Achisl. . Eleuterio, 
que te estás suicidando, hijo; cuídate, mo- 
nín, cuídate, que ahora es cuando sirves de 
algo en el mundo.:. Seis días... y seis doce... 
y me llevo una... una pulmonía por lo me- 
nos. (Entra en el teatro ) 



ESCENA XV 



MARlA; á poco, FULGENCIO con CARMEN y BAILAORA con trajes 
y abrigos de capricho; las lleva del brazo y bajo un paraguas abierto 

Makía El Heraldo. ,'Nadie! ¿Quién ha de andar por 
las calles con esta noche? ¡Cuando amane- 
cerá! ¡Pa mí si que ya no amanece nunca! 

Folg. ¡Andad, chiquillas! 

Car. ¡Mira que hacernos venir á piel 

Fulg. En ngw&i$jQ no quieren salir los cocheros. 

(Se acerca á la taquilla del teatro, dándolas el pa 
raguas.) 

María \Eeraldo\ Lleve usted el Heraldo, señorita. 
Car. ¡Pobre chica! ¡á cuerpo! ¡qué frío tendrá! 

Fülg. Habrá empeñao el mantón pa que se lo 

coma su novio; toas estas mantienen á los 

vagos. 
María El 14.315: llévemelo usté, que le va á tocar. 
Car. ¡Qué bonito número! 

Fulg. ¿Le quieres?... ¡Trae! 

María ¿Cuántos décimos? 

FüLG. Tres... (Se acercan al farol.) 

María Tome usted... 

Fulg. Toma, y... ¡María! 

María ¡Fulgencio!... (¡Qué vergüenzal) 

Bail. ¿La conoces?' 



— 28 -- 

Car. (Mía. 

Bail. Alguna conquista callejera. ¡Siempre te dio 

por la gente ordinarial 
Fulg. ¡Dejadme! ¡Idos! 

Caf. Pero. . 

Fulg. (Llévate á esa pronto.) 

Car. Déjala, chica... que ahí está en su sitio... con 

las golfas... 

MARÍA ¿Eh? (Queriendo pegarla.) 

Fulg. ¡Quieta! 

Car. (No los perderé de vista.) 

Bail. És un paso de sainete, ¡já, já! (Entran en el 

baile.) 



ESCENA XVI 

MARÍA y FULGENCIO 

María ¡Vete! ¡Vete en seguida; con ellas ó solo, 
pero vete! 

Fulg. ¿Me estabas celando? 

María ¿Yo?... 

Kulg. Tú, sí; no lo niegues. Aunque lo disimules, 

me quieres. Te has enterao de que venía al 
baile con otras, y para cerciorarte has hecho 
esta comedia. ¡Pues ya lo vesl ¡Las dejo á 
todas por til 

Marí v ¿Te crees eso de veras? 

Fülg. Y si no es por celos ¿cómo se atreve una 

mujer á salir sola.á estas horas... y con esta 
noche... burlando á sus padres y exponién- 
dose á mil tropiezos? ¡Si no lo pues negar, 
eso es cariñol ¡más que cariño, locura por 
mí! y se comprende. 

María ¿Por tí?... ¿Sabes lo que dices?... Estoy aquí, 

porque este es mi sitio, esa mi casa y este 
mi pan. Estoy aquí, porque, aunque pocas, 
todavía me quedan fuerzas para ser honra- 
da, y si rica y feliz te desprecié, pobre y mi- 
serable te aborrezco. 

Fulg. Entonces... ¡bah! no te creo. Tus padres... 

María No lo son. No tengo padres. 

Fülg. ¿Qué historia es esa? 



— 29 — 

María Una muy vulgar. La de siempre. 

Fulg. ¿Qué me quieres decir? 

María Que soy inclusera. 

Fülg. (Demonio... Entonces... Pero cá, eso es una 

prueba pa ver si la quiero solo por el dinero, 
no puede ser verdad: que no note...) 

María Ya lo has oído; pobre y sin nombre, ¿de qué 

sirvo? 

Fulg. Pues si eso es cierto... Ahora verás si soy 

decente. Me caso contigo. 

María Nunca. 

Fulg. María, estamos solos; nadie vendrá á auxi- 

liarte... lo que te ofrezco de grado no mo 

Obligues á tomarlo por fuerza. (Con rabia re- 
primida.) 

María Mira, ¡te quiero tanto, que llevo siempre un 

un recuerdo tuyo, mi único amigo! (Ensesán- 

dole el puñal del cuadro primero.) 

Fulg. ¡Mi puñall 

María Acércate y te lo devuelvo. Es tuyo. 

Fulg. ¿Oes que te tengo miedo! Ven. 

MARÍA ¡Quieto! (Amenazándole con el puñal.) 



ESCENA XVII 

DICHOS. ELEUTERIO que sale del teatro, y al verlos luchar, da vo- 
ces, y al ver que no se separan da un palo á Fulgencio, que se 
vuelve furioso. Eleuterio le amenaza 



Eleut. 

Fulg. 

María 

Kleut. 

María 

Eleut. 

Fulg. 

Eleut. 



Fulg. 



¡Eh! ¿Qué es eso? ¡Guardias! ¡Guardias! ¡que 
se matan! 
¿Eh? 

¡Eleuterio! 

¡María... tú... él... ese! 
Calla- 
No me da la gana: ¿le doy? ¿le mato? Avisa. 
¡Te buscaré debajo de las entrañas de la 
tierra! 

No; búscala en mi casa, Tabernillns, cuatro, 
cuarto cuarto. Allí... búscala... pero mira el 
criado que te va á abrir la puerta. (Enseñán- 
dole el garrote.) 
¡Ya nos veremos! 



- 30 — 
María ¡Nunca! 

FüLG. Ya nOS veremos. (Entra en el teatro.) 

Eleut. Por mí no hace fajta, ¿eh? 

María Te explicaré. 

Eleut. Cuélgate de mi brazo; con mi madre esta- 
rás hasta mañana, y luego á tu casita. 

María ¡No, eso nunca! Allí no vuelvo. 

Eleut. ¿No?... Pues yo tampoco. A mi casa con mi 
madre. 

María ¡Qué bueno eres! 

Eleut. ¡Bueno y feliz! ¡Ahora, ahora sí que no me 
cambio ni por Musiu Cartón en su globo! 



ESCENA XVIII 



MARÍA, ELEUTERIO, FULGENCIO, que vuelve á salir acompañado 
de los Amigos 1.° y 2.°, á quienes habla en secreto 4 

Fülg. (Aquel es, anda pronto, que no se escape.) 

Amigo 1° ¡Eh, amiguito! Vente con nosotros, (cortando 

el paso á Eleuterio ) 

Eleut. ¿Dónde? 

Amigo 1 ° A la delegación. 

Eleut. ¿Otra vez? ¡Pues me voy á pasar allí la vida! 

Fulg. Acaba de atracarme y ha pretendió robar- 

me la capa. 

Eleut. ¿Yo?... ¿yo? Se han empeñao en hacerme 
ladrón de oficio. 

María ¡Eso es mentira! ¡Ese hombre es un infame! 

Fulg. - Me ha amenazao con un puñal. 

Eleut. ¿Yo?... ¿Cuál?... ¿Dónde? 

Fulg. Se le habrá dao á ella; registradla. 

María (¡Ah, granuja!) Yo diré de quién es este 

puñal. 

Amigo 1.° Ea, los dos detenidos. 

Fulg. No; yo respondo de ella, dejadla. 

Eleut. ¿Y de usted quién responde, amigo? 

amigo 1.° Nosotros que le conocemos, tiene casa 
abierta. 

Eleut. Sí; todas las tabernas, 

Fulg. (Llevádsele á él, pronto.) 

Eleut. Yo no me separo de ella. 

Amigo 1.° Anda y calla, 



— 31 — 

Eleut. ¿Y usted con qué derecho me detiene? 

¿Quién es usted? 
Amigo 1 .° Soy de la ronda. 
Eleut. A ver; enséñeme usted el gallo, yo quiero 

ver el gallo. 

MARÍA Yo lo aclararé. (Mutis Eleuterio y Amigos.) 

Eleuj . Yo quiero ver el gallo... ¡M#ría! (se lo llevan á 

viva fuerza; él sigue chillando. ) 

Fulg. (cogiéndola de la mano.) ¡Eh, quieta! Ahora sola 

y sin defensa, ya eres mía. 
María ¡Suelta! 

FULG. ¡Antes te mato! (Amenazador y fuera de sí.) 

MARÍA O yo á tí. (Hiriéndole con el puñal.) 

FuLG. ¡ Ay! (Vacilando pero sin llegar á caer al suelo.) 

María ¡Jesús! ¿qué he hecho? ¡Maldito seas! (Mutis 

corriendo.) 

Car. (saliendo del teatro.) Fulgencio, ¿qué es eso? 

FULG. ¡Ella, ella ha sido! (Señalando al sitio por donde 

se fué María ) 




MUTACIÓN 



32 



CUADRO CUARTO 

Casa blanca 

ESCENA XIX 

ELEUTERIO, entra corriendo y cierra 

Música 

Gracias á Dios, 
por fin llegué, 
no me sale el susto 
del cuerpo en un mes. 
¡Qué modo de correr, 
qué modo de sudar, 
no me puedo tener, 
no puedo respirar! 
En mi vida pasé más recelo 
porque aquellos hombres me daban canguelo. 
Y al mirarme ya libre otra vez, 
con todas mis fuerzas — apreté á correr. 
Aquí tumbos — y allí revolcones, 
y acá costaladas — y allá resbalones; 
he traído una velocidad, 
que ni los tranvías— de electricidad. 
La nieve que caía sin cesar, 
apenas me dejaba caminar, 
y sin vacilación — cruzaba de rondón 
las calles y callejas — de la población. 
A un vendedor nocturno de café 
le di tan formidable puntapié, 
que otra patada tal 
no puede darla igual 
más que los jugadores defut-ball, 
y á un lado un tropezón, 
y al otro un resbalón, 
y un salto por acá, 
y un brinco más allá, 



— 33 — 

sin respirar ni ver — temblando siempre así, 
llegué sudando aquí— y en dos brincos subí 
rendido de correr — así, así, así. 
Las piernas no me pueden sostener, 
los brazos no los puedo ni mover, 
qué modo de sudar y de correr. 
¡Ah! ¡Ah! ¡Ab! 

Hablado 

¡Qué sudores! ¡Qué calambres! Al llegar á la 
Costanilla me dice el más alto: Joven, pue- 
des largarte, no somos policías; nos dijo Ful- 
gencio que había que darte un bromazo... 
conque, estás libre. ¿Quién será Fulgencio? 
Verme libre y echar á correr como un gamo 
por todas las calles, callejuelas, plazas y pla- 
zuelas que tiene Madrid por cinco céntimos, 
digo, no; nada... ¡otra vez perdida!... otra vez 
sólito... á buscarla de nuevo. (Llaman.) ¡Eh! 
¡han llamado!... ¿Quién podrá ser?... ¿dónde 
está la estaca?... ¡Que entre el que sea!... Yo 
pecador, me confieso á Dios... (Abre la puerta.) 
¡María!... ¡María... aquí, conmigo!... (Muy con- 



ESCENA XX 



DICHO y MARÍA 



María 

Eleut . 
María 
Eleut. 
María 



Eleut. 
María 
Eleut , 



¡Calla, por Dios! ¡Que no te oigan... que no 
me vean!... 
¿Qué pasa? 
¡Ay, Eleuterio! f Llora.) 
¿Lloras?... ¿Tú llorar? 

¡Chis... calla! ¡no sé lo que he hecho! ¡loca; 
con el valor de la cobardía, con el terror de 
verme en sus. brazos, no sé lo que he he- 
cho! .. ¡Qué desgracia y qué espanto! 
¿Le has matado? 
¡No sé! 
¡Me has quitao la vez! 



— 34 - 

María Declarará que he sido yo... me buscarán... 

¡Oh, no; yo me presento y lo declaro todo! 

Eleut. ¡Y te llevarán á la cárcel! No, tú aquí quie- 
ta con mi madre... yo voy á la Delegación... 
no les extrañará verme, soy parroquiano; 
llego y digo: «A ese hombre á quien ha ma. 
tao esa mujer, le ha matado este hombre; 
yo solo... que me lleven á la cárcel; no me 
importa.» Por tí, que me ahorquen. 

María No disparates; lo mejor es huir de Madrid. 

Eleut. Lo mejor era avisará tus padres y á Eu- 
genio. 

María ¡No! |Eso nuncal Si le veo no tendré valor y 

me conocerá que le quiero. 

Eleut. ¿Eh.'.. á tu exherinano? Pero, ¿y yo? ¿y mi 
cariño?... ¿Qué papel es el mío? (Llaman.) ¡Uy, 
el muerto!... ¡E^to es más grave! 

María ¡Sea lo que Dios quiera! } Abre! . 

Eleut. ¿Que abra?... ¡A ver mi estaca! .. Padre 
nuestro... que estás en los cielos... 

María ;Dios mío! ¿Le habré matado?... ¡yo crimi- 

nal! Esto es para volverse loca. 



ESCENA XXI 



DICHOS y CARMEN 



Eleut. Pase usted, señora. 

María ¡Una mujer! 

Car. ¡Felices! (Aquí está, no me engañaba/ 

Eleut. Usté dirá en lo que puedo servirla. 

Car. ¿No me conoces? 

Eleut. (Y me tutea.) No te conozco. 

Car. Yo soy Carmen, la novia de Eugenio. 

María (¡Eh!) 

Car. Y á usted es á quien he venido á buscar. 

María ¿A mí? 

< ar. Para proponerla la paz ó la guerra. 

María No entiendo. 

-Car. La he seguido á usted; acaba usted de in- 
tentar asesinar á un hombre y me será muy 



35 



Eleut 
Car. 

María 
Car. 

María 



Car. 
María 



Eleut 
Car. 



María 

Eleut. 

Car. 

Eleut. 
María 
Eleut. 
Car. , 
María 



Eleut 

Car. 

Eleut. 

Car. 
María 



fácil delatarla, si él no puede ó no quiere 
hacerlo. 

Se guardará usted muy bien; como de... 
Tardará en tomar venganza lo que tarde en 
curarse. 

¿Qué tengo que hacer? 
Casarse con Fulgencio y conseguir que yo 
me case con Eugenio. 

Pues bien; oiga usted mi resolución... No sé 
si Eugenio quiere á otra mujer; pero sí sé 
que hay otra mujer que le adora, que por 
él daría no su vida, que es poco, su honra... 
¡que es mucho más! y esa mujer... ¡óigalo 
usted bien! esa mujer, ¡soy yo!... 
¡Cómo! 

Sí; su hermana hasta ayer; su esclava desde 
hoy; puede usted marcharse y decirle á 
Fulgencio que le aborrezco tanto como ado- 
ro á mi Eugenio. 
(¡Toma tripita!) 

Fulgencio no ha querido ir á la casa de so- 
corro por no dar parte; está abajo en un co- 
che; la herida es leve. 
¿Abajo? 

¿Pero no subirá, en? Porque yo no le he 
ofrecido la casa. 

Si bajo con esa respuesta llamará á los guar- 
dias, y... 

¿Los guardias?... Adiós. 
¿Dónde vas? 

¡A mi otra casa! A la prevención. 
Decida usted. 

No sé cuál es mayor; su infamia ó la de us- 
ted; ¿no ha oído usted que adoro al hombre 
que usted quiere?... ¿Lo ha oído y vivo to- 
davía?... No le quiere usted como yo... men- 
tira... 

(¡Cámara, qué pasión!) 
¡ Basta! 

Y sobra... con la mitad me había ido yo á 
la calle por aquella puerta. 
De modo que... 

¡Esta es mi respuesta! Eugenio, para mí... 
yo para Eugenio. 



~ 36 — 

Car. Lo veremos, (vase.) 

Eleut. Vaya usted con Dios... cuidado con la esca- 
lera, no se escurra usted. (Ojalá se escurra.) 

María ¿Qué he hecho?... ¿Y si quiere á otra? 

Voz ^Dentro.) ¡Eleuterio! 

Eleut. ¿Qué hay, madre? 

Voz ¿Sucede algo? 

Eleut. No; nada; es que estoy dando audiencia pú- 
blica de madrugada. 

María ¡Eleuterio! si me quieres es preciso que sal- 
ga yo de Madrid esta misma noche. 

Eleut. ¡Saldremos! ¡Yo á buscar dinero, sea como 
sea! ¡Adiós! ¡Madre! si no vuelvo, vaya usted 
á buscarme á la Delegación, ¡que allí estoy 
de seguro! (vase.) 

María ¡Dame fuerzas, Dios mío, darne¡fuerzasl 



MUTACIÓN 



37 - 



CUADRO QUINTO 

Un café cantante de tablado; mesas de mármol, mostrador. El tablado 
estará en el centro de la escena y casi en primer término, con esca- 
lerilla de bajada en el centro; en las mesas Hombres y Mujeres con- 
sumiendo diferentes bebidas. Las Camareras discurriendo de una á 
otra, mesa con servicios. Mucha animación, mucha propiedad, mu- 
cha luz. es de noche. 



ESCENA XXII 

CARMEN, Bailaora, Tocaores en el tablado, FULGENCIO en el primer 
velador de la izquierda 

Música 

(Hombres de pie al lado del tablado, ofreciendo cañas á 
las Cantaoras, como si hubieran terminado de cantar y 
bailar.) 

Unos Ven aquí un rato. 

Otros Baja, chiquilla. 

Unos Tome usté un chato 

de manzanilla. 
Otros Eso es salero. 

Unos Eso es la mar. 

Todos Pa el cante y baile 

no tiene igual. 
¡A cantar! 
¡A bailar 
no ha venido aquí hasta ahora, 
cantaora 
con más salí 
¡y tal! 

(Se sientan en las mesas, empiezan á tocar los to- 
caores.) 

Car. ¡Cuando ee grande y verdadero 

** el amor de una mujer, 
v. es cuando dice te quiero 
á quien no debe querer! 

(Se adelanta la Bailaora y baila al compás de palmas 



— 38 — 

en el tablado y cucharillas en las copas de las mesas,, 
mientras sigue cantando Carmen.) 

En el cimenterio 
te vi la otra tarde, 
tú ibas allí á verme 
yo á ver á mi madre; 

(Las Cantaoras jalean con frases adecuadas.) 

madre de mi vida, 
madre de mi alma, 
en el cimenterio 
yo no te encontraba; 
yo no te encontraba 
en el cimenterio, 
y dije llorando 
¡quién se hubiera muerto! 
quién .se hubiera mtresten- 
pa que me enterraran 
en la fosa común... y encontrarte 
;madre de mi alma! 



En el tablado ¡Arsal ¡Durol (Hablado.) 
Otro ¡Dale más!... 

En el tablado ¡Dale más, dale más, dale más! 
jSá, sá, sá! 

(Termina aqui el baile; los de arriba aplauden y 
gritan.) 

II 

Car. ¡Ojalá mi amante fuera 

lo peor que Dios crió, 
y ninguna le quisiera 
pa quererle sola yo! 

(Empieza baile, palmas, etc., como antes ) 



¡Ojalá tuviera 
lo que á mí me farta, 
cariño y familia 
y fe y esperanza, 
y una madre buena 
pa llamarla madre, 
y darla mi vida 



— 39 — 

y darla mi sangre, 
y darla mi sangre 
y darla mis besos 
y darla mi alma 
y darla mi aliento, 
y darla mi aliento 
pa ver si revive, 
que vivir sin cariño en el mundo 
es peor que morirse! 



En el tablado ¡Arsa y duro! 

Otro jDale más! 

Todos ¡Ole ya, ole ya, ole ya! 

¡Sá, sá, sá! 

(Al acabar el número aplauden los parroquianos; algu- 
nos se van; baja Carmen del tablado y se va á bablar 
con Fulgencio; quedan vacías la .mesa primera de la de- 
recha y el velador del centro.) 

Hablado 

Car. ¿No han venido? (con inquietud ) 

PüLG. ¡Ya ves que no! (Contrariado ) 

Car. ¡Parece que tardaul 

Ful. ¿Quién llevó los anónimos? 

Car. ¡Yo misma! 

Ful. Vendrán, de seguro; ella, por ver á Eugenio 

con otra, como le decíamos; él, por encon- 
trarla á ella conmigo... ¡no faltarán!... ¡de 
fijo! 



ESCENA XXIII 



DICHOS y ELEUTERIO 



Eleut. Este es el café... «Café Polar» ¡Uy, cuánta 

gente! 
Parroq ¡Uy, mirad qué tipo! 
Otro ¡Já, já! 

ELEUT. (Se sienta en el velador del centro.) Me he adelan- 

tado para estudiar el plano topográfico de 



~ 40 — 

la huida... porque esto va á ser una heca- 
tombe. 

Cam. ¿Qué va á ser? 

Eleut. Una hecatombe... digo... una zarzaparrilla... 
necesito refrescar .. Mi sangre es un volcán 
en erupción... Cuando María recobró el áni- 
mo, dudó, recapacitó, lloró, «uspiró y... (los 

parroquianos de una mesa próxima le tiran terrones 
de azúcar, de cuando en cuando, y se ríen de él al ver 

que mira al techo ) parece quecae cascote. 

VARIOS ¡ Já, já! (sólo los de la mesa de los terrones.) 

Eleut. Se puso furiosa y dijo: «Voy á verlo... si es 
verdad que está con ella... adiós, sueños- 
adiós, ilusiones... ¡ Adiós...» Y echó á correr... 
gracias á que la he convencido de que yo 

debía entrar primero... (Le dan con otro terrón.) 

No, pues no es cascote... ¡es azúcar! ¡Cama- 
rera! 

Cam. ¿Qué hay? 

Eleut. ¿Dónde tiene el amo la despensa? 

Cam. En su casa; arriba en el entresuelo. 

Eleut Pues dígale usté que hay goteras... que si no 

las repara se queda sin comestibles. 

Varios ¡Já, já! 

Pul. ¡Ya está ahí Eugenio! Anda, pa que si entra 

ella te vea con él. 



ESCENA XXIV 



DICHOS y EUGENIO que se sienta en la mesa primera de la derecha 

Eug. ¡Aquí esl... ¿Será verdad? ¡Qué impaciencia!... 

He vivido sufriendo y odiándola, mientras 
la creía mi hermana, y cuando veo mi feli- 
cidad en su cariño, huye de mí con otro 
hombre. ¡Adiós, sueños! Otra vez á odiar y á 
sufrir. Ese es mi sino. 

Eleut. ¡Uy! Juraría que yo conozco á ese sujeto. 

(Mirando á Fulgencio.) Sí. ¿Dónde le he visto yo? 

Car. ¡Eugenio! 

Eug. ¡Carmenl ¡Ahí ¿Eres tú la que me avisas? 

Car. ¡áí, yo; quiero que veas, por tí mismo, á Ma- 

ría con otro hombre. 



— 41 — 

Eug. (Imposible! 

Car. No tardarás en convencerte. 

Eüg. ¡Si eso es cierto!... 

Car. ¿Qué?... Entonces podrás quererme. 

Eug. Entonces volveré al seminario para siempre. 

Eleut. Sí, no hay duda; ya sé quién es; el mismo; 
el que me robó los mantones, ¡uy! que oca- 
sión... si yo fuera valiente un ratito... cinco 
minutos. 



ESCENA ULTIMA 

DICHOS y MARÍA 



Car. Ella, que no te vea. 

MARÍA (Dirigiéndose al velador que ocupa Eleuterio y sin ver 

á Eugenio, que se habrá embozado hasta los ojos.) 

Eleuterio, le he visto entrar. ¿Dónde está? 
Eleut. Yo no le he visto. 
Pulg. María, por fin, chist, chist... 

Eleut. ¡Te llaman ! 
María ¡Fulgencio! 
Eleut. ¿Esees Fulgencio?¿El muerto resucitao? jAy! 

Venga mi cachorrillo. (Sacando una pistola gran- 
dísima.) 

María El es el que me ha escrito... ¿Qué me quie- 
res? (Acercándose.) 

FULG. Mira, ¿le Ves? ¡Con ella! (indicándole á Eugenio 

que está al otro extremo de la escena sentado con Car- 
men ) 

CAR. ¡Mírala! (indicándole á María y Fulgencio.) ¿La 

ves?... Con él. 
Fulg. Ya ves cómo la habla. No te quejarás de 

mí; ni di parte de tu hazaña ni he querido 

volverte á ver hasta que te convencieras de 

que Eugenio quiere á otra. 
María ¿La quiere? ¿De veras? 
Fulí\ ¡Ya lo ves! 

María Entonces... 
Fulg. ¿Qué? Por fin te convences. 

Marí \ Me convenzo de lo que eres. El vendrá enga- 



42 - 



nao como yo... le estará diciendo ella lo mis- 
mo que tú me dices... y me despreciará y... 

No... eSO 110... ¡Eugenio! (Separándose de Fulgen- 
cio y llamándole desde el centro de la escena.) 

Car. No vayas. 

EuG. ¡María! (Reuniéndose con ella en el centro ) 

María ¿Qué te dice esa mujer? 

Eug. Que quieres á otro. 

María ¿Y tú? 

Eug. jYo á tí sola te adoro! 

María Gracias á Dios. (Abrazándose.) Ven por él. (pro- 
vocando á Carmen.) 

Car. ¡Maldita Sea! (Desesperada.) 

EuG. ¡Ven por ella! (ídem á Fulgencio ) 

FULG. Sí, de este modo. (Furioso saca el revólver y dis- 

para sin herir á nadie: los parroquianos le sujetan. 
Eleuterio se sube sobre el velador ó el tablado amena- 
zando disparar con su pistola: las mujeres gritan: gran 

barullo.) ¡Suelta! 
Par. l.o ¡Eh! ¿Qué es éso? 
Par. 2.o ¡Quieto! 
Eleut. ¡Ay! ¡Ay! ) Ay! Me ha herido, me ha herido... 

En el sombrero... ¡Mira qué abujero! 
Fulg. Esa mujer fué la que me... 

Eleut. (¡Eh! Que te he conocido y que me berreo de 

lo de los mantones.) (Acercándose con misterio.) 

María Ya lo ves; mi marido sabrá defenderme. 
Fulg. Y yo odiarte. 

Car. fff^üa, si ya no tiene un cuarto. Es inclu- 
sera. (Con desprecio.) 

Fulg. I ¿Era verdad? ¡Inclusera! (Despreciándola.) 

EuG. i ¡Oh! (Queriendo pegarle.) 

María L Déjale; si debo mi felicidad á ser incluse- 
I ra... ahora sí que perdono á mis padres... 

Eug. Los míos te esperan con los brazos abiertos. 

Seguirán siéndolo tuyos. 

Eleut. ¿Ya no cantas misa? 

Eug. Misa de gloria. 

Eleut. ' Y yo de Réquiem. Gori, gori. 

María í Tú, Eleuterio, á casa otra vez; á sumar. 

Eleut. I Para verte á todas horas, no... digo sí... pero 
I Eugenio, guárdala bien, porque como pueda 
i te la pego. * 

María \ ¡Já, já! 



— 43 — 

Par. 1 o ¡Los guardias! 
Par. 2/' ¡A buena hora! 

ELEÜT. ¿LQS guardias? ¡Ay! (Metiéndose debajo de la 

mesa.) 

María ¿Qué haces? 

Eleut. Nada. Que no tengo gana de ir á la preven- 
ción otra vez. 

Eug. No tengas cuidado... Yo te defiendo. 

Eleut. ¿Sí? (saliendo.) ¡Viva el marido de la incluse- 
ra! ¡Viva la inclusera, (llorando cómicamente.) 

aunque yo reviente! 



TELÓN 



OBRAS DE LUIS DE LARRA 



Salirse con la suya, juguete cómico en un acto. 

La avaricia rompe el saco, juguete cómico en un acto. 

A cual más loco, juguete cómico en un acto. 

Perico el de los palotes (1), zarzuela en un acto, música 
de Taboada. 

Lista de compañía (1), zarzuela en un acto, música de 
Caballero. 

En un lugar de la Mancha, zarzuela en un acto, música 
de Arnedo. 

Entre primos, zarzuela en un acto, música de Gómez. 

Lia noche del 31 (2), zarzuela en un acto, música de Ca- 
ballero. 

Avisos útiles, juguete cómico en un acto. 

¡Fuego!, juguete cómico en un acto. 

Don Manuel Ruiz (2). zarzuela en un acto, música de Ca- 
ballero. 

Perder la pista, zarzuela en un acto, música de Llanos. 

Septiembre, Eslava y Compañía (1), zarzuela en un acto, 
música de Caballero. 

Los emigrantes (1), zarzuela en un acto, música de BrulJ. 

Los Isidros (1), zarzuela en un acto música de Caballero. 

Muerte, juicio, infierno y gloria (1), zarzuela en un acto, 
música de Caballero. 

Quítese usted la bata (1), zarzuela en un acto, música de 
San José. 

Hace falta un cabalgo (1), zarzuela en un acto, música 
de Caballero. 

LjOS calabacines (1), zarzuela en un acto, música de Nieto. 

Las cuatro estaciones (1), zarzuela en un acto, música de 
Caballero. 

Conferencia, monólogo en prosa. 

El fantasma de fuego (1), zarzuela en dos actos, música 
de Caballero. 

De Herodes á Pilatos (1), zarzuela en un acto, música 
de Caballero. 



Los extranjeros (2), zarzuela en un acto, música de Ca- 
ballero. 
El hijo de su excelencia (1), zarzuela en un -acto, música 

de Jiménez. 
Los invasores (1), zarzuela en un acto, música de Valver- 

de (hijo). 
Los dineros del sacristán (1), zarzuela en un acto, música 

de Caballero. 
La Menegilda (1), zarzuela en un acto, música de San 

José. 
Los rábanos por las hojas (1), zarzuela en un acto, música 

de Caballero y Chalóns. 
La rueda de la fortuna (1), zarzuela en un acto, música 

de Caballero y Hermoso. 
La invasión de los bárbaros, comedia en dos actos. 
La venida de Pepita. 1 
Los gemelos. I _ _ rT 

Honra por honra. } Estrenadas en la Habana. 

Cuadros insolentes. ) 

San Gil de las afueras (1), zarzuela en un acto, música de 
Caballero y Hermoso. 

La menina ó el timo del portugués, zarzuela en un acto, 
música de Alvarez Toledo. 

El diluvio universal, comedia en dos actos. 

Chirimoya ó la Reina Sanguinaria, bufonada en un acto, 
música de Calleja y Lleó. 

El turno de los partidos (3), zarzuela en un acto, música 
de Rubio. 

Aprieta constipado ó catorro nacional (4), revista en un 
acto, en verso y prosa. 

El maestro de obras, zarzuela en un acto, música de Cere- 
ceda. 

Gimnasio modelo, pasillo en un acto, música de Cereceda. 

Los figurines (5), revista en un acto, música de Caballero 
y Cereceda. 

«La perla 'de Oriente» (6), zarzuela en un acto, música de 
Hermoso. 

La trapera, zarzuela en ún acto, en prosa y verso, músi- 
ca de Caballero y Hermoso. 

El parto de los montes, ó Madrid se divierte (5), sátira mu- 
nicipal en un acto, música de Caballero y Chalons. 

La revolución social (3), zarzuela en un acto y cuatro cua- 
dros, música de los maestros Calleja y Lleó. 

«Marquilla (hijo)», juguete cómico en un acto. 



Mundo y demonio y carne (5), zarzuela en un acto y cinco 
cuadro*, música de Caballero y Valverde (hijo) 

La coleta del maestro (7), zarzuela en un acto y tres cua- 
dros, música de Cereceda. 

La inclusera, zarzuela en un acto, música de Caballero y 
Vaivén le (hijo). 



(1) En colaboración coa O. Mauricio G-ullón. 

(2) ídem id. con D. Enrique Sánchez Seña. 

(3) ídem id. con D. Eugenio G-ullón. 

(4^ ídem id. con nueve aplaudidos autores y diez maestros com- 
positores. 

(5) ídem id con D. Manuel Fernández de la Puente. 

(6) ídem id. con D. Antouio Panosa 

(7) ídem id. con el Sr. Blanco-Pellicer. 



Los ejemplares de esta obra se hallan 
de venta en todas las librerías. 

Será considerado como fraudulento 
todo ejemplar que carezca del sello de 
la Sociedad de Autores Españoles.